Hay una tentación sutil que me visita cada día.
No llega con urgencia ni con ruido. Llega de forma familiar — como una inclinación suave hacia lo que ya pasó, o hacia lo que aún no ha ocurrido. La mente se mueve allí con facilidad, girando alrededor del pasado, ensayando el futuro, convencida de que es ahí donde se organiza la vida.
Conștientizarea momentului prezent.✨
Lo que debí haber hecho.
Lo que pude haber dicho.
Lo que aún podría arreglar.
Sin darme cuenta, la atención se adelanta.
Lo que podría pasar.
Lo que tal vez salga mal.
Lo que necesito prever, controlar, anticipar.
Ambas direcciones parecen importantes. Incluso necesarias.
Y, sin embargo, ninguna de ellas está viva.
No aprendí esto desde la teoría, sino desde la experiencia. Desde notar cómo un momento entero — a veces un día entero — puede pasar sin ser vivido, simplemente porque la atención estaba en otro lugar.
La verdad que siempre me devuelve es sencilla:
no puedo cambiar el pasado.
Y el futuro solo toma forma a partir de lo que hago ahora.
Ese suele ser el punto de retorno.
No vuelvo a mí a través de mantras,
ni de rituales agotadores,
ni de promesas de “finge hasta lograrlo”.
Vuelvo a través de una verdad suave.
Noto mi respiración.
Me permito una pequeña sonrisa — no para nadie más, sino como una señal interna: estoy aquí.
Recuerdo que estoy presente.
La respiración no visita ayer.
No se preocupa por mañana.
Ocurre únicamente ahora — y me invita a hacer lo mismo.
Y cuando regreso a este momento, algo cambia sin esfuerzo.
Llega la inspiración.
Las respuestas se aclaran.
El mundo interior comienza a brillar suavemente.
La paz se revela — abrazando con ternura el corazón,
como si hubiera estado esperando todo este tiempo.
Si esto resonó contigo,
haz una pausa.
Toma una respiración
antes de seguir adelante. ✨
Share this story

